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Triglicéridos Altos: Qué Comer y Qué Hábitos Ayudan

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Te llegan los resultados de la analítica, bajas la vista por la hoja y ahí está, marcado con un asterisco: triglicéridos altos. Es una de las alteraciones más frecuentes en los chequeos de empresa y en las revisiones de atención primaria, y también una de las que más se pueden mejorar con lo que pones en el plato y con cómo te mueves. Aquí te contamos qué significa ese número, por qué sube y qué cambios en la alimentación y en los hábitos tienen más respaldo científico.

Conviene dejar algo claro desde el principio: esto no es un tratamiento. Si tus cifras están elevadas, la valoración la hace tu médico, que tendrá en cuenta tu riesgo cardiovascular global, otras enfermedades y la medicación que ya tomas. Lo que sí puedes hacer tú es entender el problema y llegar a la consulta con buenas preguntas.

⏱ Tiempo de lectura estimado: 13 minutos

Qué son los triglicéridos y cuándo se consideran altos

Los triglicéridos son el tipo de grasa más abundante en el organismo. Funcionan como una reserva de energía: cuando comes más calorías de las que gastas, sobre todo si vienen de azúcares, harinas refinadas o alcohol, el hígado las transforma en triglicéridos que viajan por la sangre y se almacenan en el tejido adiposo. Hasta aquí, nada malo. El problema aparece cuando esa cifra se mantiene alta de forma continuada.

¿Dónde está el límite? Las guías europeas de dislipemias de la Sociedad Europea de Cardiología y la Sociedad Europea de Aterosclerosis (ESC/EAS, 2019) consideran deseable un valor inferior a 150 mg/dL (1,7 mmol/L). Por encima de esa cifra se habla de hipertrigliceridemia. Como orientación, la clasificación clásica del programa estadounidense NCEP ATP III (2002), que todavía se usa mucho en consulta, distingue entre límite alto (150-199 mg/dL), alto (200-499 mg/dL) y muy alto (500 mg/dL o más).

Ese último escalón importa por dos motivos. Uno, los triglicéridos elevados se asocian a un mayor riesgo cardiovascular, sobre todo cuando van acompañados de colesterol HDL bajo, obesidad abdominal o glucosa alta, como recuerda la Fundación Española del Corazón. Dos, cuando las cifras son muy altas, en torno a 1.000 mg/dL o más, aumenta el riesgo de pancreatitis aguda, una urgencia médica. Si ese es tu caso, no esperes: tu médico debe valorarlo cuanto antes.

Si quieres repasar cómo encaja todo esto con el resto del perfil lipídico, te lo explicamos en nuestra guía sobre colesterol LDL y HDL y los alimentos que ayudan a controlarlo.

Por qué suben: las causas más habituales

En la gran mayoría de personas, los triglicéridos altos no tienen una única causa, sino una suma de factores del día a día. Pongamos un ejemplo muy reconocible: Javier, 52 años, trabajo de oficina, dos cañas casi cada tarde, refrescos en la comida y unos kilos de más concentrados en la tripa. Su analítica marca 260 mg/dL. Ninguno de esos hábitos por separado parece grave; juntos, explican bastante bien la cifra.

Los factores más frecuentes son estos:

Existe además un componente genético. Hay familias en las que las cifras son altas incluso con hábitos cuidados, y ahí el seguimiento médico es todavía más importante. Y un aviso que nunca sobra: si sospechas que un medicamento influye en tu analítica, coméntalo en consulta, pero no lo dejes ni cambies la dosis por tu cuenta.

Moverse a diario es uno de los hábitos que más ayuda a reducir los triglicéridos, junto con la alimentación.

La buena noticia es que precisamente porque los hábitos pesan tanto, cambiarlos suele notarse. Según la declaración científica sobre triglicéridos y enfermedad cardiovascular de la American Heart Association (Miller y colaboradores, Circulation, 2011), la combinación de dieta, pérdida de peso y actividad física puede reducir los triglicéridos entre un 20 % y un 50 %. No es una promesa individual, porque cada organismo responde de forma distinta, pero sí una cifra que anima a empezar.

Alimentos que ayudan a bajar los triglicéridos

No existe un alimento milagroso que borre los triglicéridos, y desconfía de quien te lo venda. Lo que funciona es un patrón de alimentación. Y aquí, en España, jugamos con ventaja, porque el que mejor encaja se parece mucho a la cocina mediterránea de toda la vida.

Pescado azul, dos o más veces por semana. Sardinas, caballa, boquerones, salmón o jurel aportan ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA), relacionados con una reducción de los triglicéridos. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), en sus recomendaciones dietéticas saludables y sostenibles de 2022, aconseja tomar pescado al menos tres veces por semana, priorizando el azul. Un matiz de seguridad: las embarazadas, las mujeres en lactancia y los niños pequeños deben evitar las especies con más mercurio, como el pez espada, el tiburón, el atún rojo o el lucio.

Legumbres, verduras y cereales integrales. Garbanzos, lentejas y alubias aportan fibra y proteína vegetal, sacian y ayudan a desplazar del plato las harinas refinadas. AESAN recomienda al menos cuatro raciones de legumbres a la semana. Si te interesa el papel de la fibra en el perfil lipídico, lo desarrollamos en nuestra guía sobre fibra soluble.

Aceite de oliva virgen extra y frutos secos. La clave no es añadir grasa, sino cambiar el tipo: usar aceite de oliva virgen extra en lugar de mantequilla, manteca o grasas de bollería. Un puñado de nueces o almendras naturales (unos 25-30 gramos) varias veces por semana es una opción muy recomendable, siempre sin sal ni azúcar añadidos. Te contamos cómo distinguirlas en nuestra guía de grasas saludables.

Fruta entera, no en zumo. La fruta tiene fructosa, pero en la pieza entera viene acompañada de fibra y agua, y se come despacio. Con los zumos, incluso caseros, es muy fácil tomar el azúcar de tres o cuatro naranjas en un vaso. En otoño tienes mandarinas, manzanas, peras y granadas en su mejor momento.

Qué conviene limitar: azúcar, alcohol y harinas refinadas

Si tuviéramos que elegir por dónde empezar, casi siempre sería por aquí. Quitar lo que empuja los triglicéridos hacia arriba suele dar más resultado que añadir alimentos «buenos» a una dieta que sigue igual.

Azúcares libres. La Organización Mundial de la Salud, en su directriz de 2015, recomienda que no superen el 10 % de la energía diaria y sugiere que lo ideal es bajar del 5 %, unos 25 gramos al día para un adulto. Una sola lata de refresco azucarado puede llevar alrededor de 35 gramos. Los principales sospechosos son los refrescos, los zumos, la bollería, los cereales azucarados, los postres lácteos y el azúcar del café. Leer bien las etiquetas ayuda mucho; si te pierdes con ellas, aquí tienes nuestra guía para leer las etiquetas nutricionales en el supermercado.

Alcohol. Es probablemente el factor que más se subestima. En personas con hipertrigliceridemia, incluso cantidades que socialmente se consideran moderadas pueden elevar las cifras de forma notable, y cuando los triglicéridos son muy altos los médicos suelen recomendar suprimirlo por completo. La OMS recordó en 2023 que no existe un nivel de consumo de alcohol que sea seguro para la salud. En nuestra opinión, pocas medidas tienen una relación esfuerzo-resultado tan favorable como cambiar la caña diaria por un agua con gas y limón.

Harinas refinadas y raciones grandes de hidratos. Pan blanco, pasta y arroz no están prohibidos, pero en grandes cantidades y sin fibra favorecen la subida de triglicéridos en personas predispuestas. Cambiar a versiones integrales y ajustar la ración (que el plato no sea una montaña de pasta) es un gesto sencillo con efecto real.

Ultraprocesados y fritos frecuentes. Embutidos grasos, precocinados, snacks y comida rápida suman calorías, grasas de mala calidad y, a menudo, azúcares escondidos. No se trata de no volver a probarlos, sino de que sean la excepción.

Un día de menú y dos recetas sencillas

Un ejemplo vale más que cien consejos. Este es un día de comidas orientativo, pensado para otoño y sin ingredientes raros. No es una dieta personalizada: las cantidades dependen de tu edad, tu actividad y tus necesidades, y eso lo ajusta un dietista-nutricionista.

Desayuno: tostada de pan integral con tomate rallado y un chorrito de aceite de oliva virgen extra, café o infusión sin azúcar y una mandarina.

Media mañana: un yogur natural sin azucarar con un puñado de nueces. Sacia más de lo que parece y aguanta hasta la comida.

Comida: lentejas estofadas con verduras (sin chorizo ni morcilla), ensalada verde y una pera de postre.

Merienda: palitos de zanahoria con hummus casero, o una manzana si vas con prisa.

Cena: ensalada templada de garbanzos con caballa, o sardinas al horno con pimientos. Te dejamos las dos recetas.

Legumbres, verduras y aceite de oliva virgen extra: una combinación sencilla que encaja muy bien si tienes los triglicéridos altos.

Ensalada de garbanzos con caballa (2 personas, 15 minutos)

Ingredientes: 400 g de garbanzos cocidos, 1 lata de caballa en aceite de oliva bien escurrida (o un filete de caballa fresca a la plancha), 1 tomate maduro, medio pepino, un cuarto de cebolla morada, perejil fresco, 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra, zumo de medio limón y pimienta.

Preparación: enjuaga bien los garbanzos bajo el grifo si son de bote, así les quitas buena parte de la sal del líquido de conserva. Trocea el tomate, el pepino y la cebolla, y mézclalo todo en un cuenco con los garbanzos. Añade la caballa desmigada, el perejil picado, el aceite, el limón y la pimienta. Si la quieres templada, saltea los garbanzos un par de minutos en la sartén antes de montarla. Aguanta perfectamente en la nevera para el táper del día siguiente.

Sardinas al horno con pimientos (2 personas, 30 minutos)

Ingredientes: 8-10 sardinas limpias, 2 pimientos (uno rojo y uno verde), 1 cebolla, 2 dientes de ajo, 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra, perejil, limón y una pizca de sal.

Preparación: precalienta el horno a 200 °C. Corta los pimientos y la cebolla en tiras, colócalos en una fuente con el ajo laminado y la mitad del aceite, y hornéalos unos 15 minutos. Pon encima las sardinas, riega con el resto del aceite y hornea otros 10-12 minutos. Termina con perejil y unas gotas de limón. Es barata, rápida y te garantiza una buena ración de pescado azul sin freír nada.

Hábitos que marcan la diferencia más allá del plato

La alimentación es la mitad de la historia. La otra mitad se juega fuera de la cocina, y en el caso de los triglicéridos los efectos pueden aparecer relativamente pronto.

Muévete cada día. La actividad física aeróbica ayuda a que el músculo utilice los triglicéridos como fuente de energía. La OMS, en sus directrices de 2020, recomienda a los adultos entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada, como caminar a paso ligero, montar en bicicleta o nadar, además de ejercicios de fuerza al menos dos días por semana. Si partes de cero, empieza por paseos de 20 minutos y ve subiendo. Tienes ideas para empezar sin lesionarte en nuestro artículo sobre ejercicio suave a cualquier edad.

Si te sobran kilos, una pérdida moderada ya cuenta. La declaración de la American Heart Association de 2011 señala que perder entre un 5 % y un 10 % del peso corporal se asocia a una reducción de los triglicéridos de alrededor del 20 %. Para una persona de 90 kilos, hablamos de 5 a 9 kilos, un objetivo mucho más realista que las dietas extremas, que además suelen fracasar a medio plazo.

Cuida también la glucosa y el hígado. Triglicéridos altos, azúcar alto e hígado graso suelen ir de la mano. Por eso, además de revisar la dieta, tu médico puede pedirte una glucemia, una hemoglobina glicosilada o pruebas de función hepática.

Haz seguimiento y no te automediques. Lo razonable es repetir la analítica pasados unos meses tras los cambios, siempre según indique tu médico. En algunos casos, sobre todo si el riesgo cardiovascular es alto o las cifras son muy elevadas, puede ser necesario un tratamiento farmacológico. Los preparados de omega-3 a dosis altas que se usan para los triglicéridos son medicamentos que prescribe el médico; no es lo mismo que comprar cápsulas por tu cuenta. Y si ya tomas medicación para los lípidos o para la diabetes, no la abandones aunque la analítica mejore.

Conclusión

Tener los triglicéridos altos es un aviso, no una condena. Es una de las cifras de la analítica que mejor responde a los cambios de hábitos, y los que más ayudan no tienen nada de exóticos: menos azúcar y menos alcohol, más pescado azul, legumbres, verduras y aceite de oliva virgen extra, y moverse todos los días. Nuestra recomendación es no intentar cambiarlo todo a la vez. Elige dos o tres medidas concretas (por ejemplo, adiós a los refrescos, sardinas o caballa dos veces por semana y un paseo diario), mantenlas unas semanas y revisa los resultados con tu médico. Lo que se sostiene en el tiempo es lo que acaba notándose en la analítica.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tardan en bajar los triglicéridos al cambiar la alimentación?

Los triglicéridos responden con relativa rapidez a los cambios de dieta, al alcohol y a la actividad física, y en muchas personas se aprecian mejoras en pocas semanas. Aun así, cada caso es distinto, así que el momento de repetir la analítica debe decidirlo tu médico.

¿Puedo tomar fruta si tengo los triglicéridos altos?

Sí. La fruta entera aporta fibra, vitaminas y agua, y encaja en una alimentación saludable. Lo que conviene limitar son los zumos, incluidos los caseros, los batidos con azúcar y las frutas en almíbar. Dos o tres piezas al día son una referencia habitual en las recomendaciones de AESAN.

¿Es lo mismo tener el colesterol alto que los triglicéridos altos?

No. Ambos son lípidos de la sangre y aparecen en la misma analítica, pero son moléculas diferentes y no siempre suben a la vez. Los triglicéridos dependen mucho del azúcar, el alcohol y el exceso de calorías, mientras que el colesterol LDL depende más de las grasas saturadas y de la genética. Tu médico valora el perfil completo para calcular tu riesgo cardiovascular.

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Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Consulta a tu médico o dietista-nutricionista antes de hacer cambios importantes en tu alimentación o actividad física.

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