Hiperinsulinemia y resistencia a la insulina

A principios del siglo XX, los agentes infecciosos (neumonía, tuberculosis e infecciones gastrointestinales) eran los principales causantes de enfermedad. Los avances médicos las convirtieron en fácilmente tratables.

En el siglo XXI las enfermedades cardiovasculares, cáncer y complicaciones derivadas de la diabetes son las causas principales de muerte. Las llamadas “enfermedades de la civilización” no encajan con una única causa genética o agente de enfermedad. La genética obviamente tiene su papel, pero el rápido ascenso de estas enfermedades no es resultado de la genética por si sola.




En vez de “mala suerte genética” estas condiciones están causadas por cambios en procesos metabólicos y fisiología celular derivados de una mala dieta, alteraciones en los ritmos circadianos naturales, mal manejo del estrés, actividad física inadecuada y otros parámetros por los cuales los estilos de vida actuales están muy lejos de la dieta y ambiente a los que los que los seres humanos están fisiológicamente adaptados.

Afecciones tan dispares como diabetes tipo 2Alzheimer, acné, gota, disfunción eréctil, síndrome de ovario poliquístico o aquellas consideradas idiopáticas como el vértigo y tinnitus pueden tener una causa subyacente común: la hiperinsulinemia crónica, y resistencia a la insulina.

No hay especialidad médica que no se vea afectada por la resistencia a la insulina, existiendo estados patológicos como resultado directo o que se ven exacerbados por la resistencia a la insulina.

EL ALCANCE DEL PROBLEMA

La problemática derivada de la hiperinsulinemia y resistencia a la insulina es mucho mayor de lo que se reconoce en la literatura médica y la práctica clínica, y se refleja en las limitaciones al diagnosticar la diabetes tipo 2 solamente mediante alteraciones en la glucosa (glucosa en ayunas, HbA1C y test de O´Sullivan o prueba de tolerancia oral a la glucosa).

Enfocándonos en la glucosa ignoramos el factor más importante y oculto en el desarrollo de diabetes tipo 2 y otras patologías: una insulina crónicamente elevada.

El Dr. J. Kraft descubrió que muchos sujetos tenían alterada su sensibilidad a la insulina, algo que no se medía en la prueba de glucosa oral de 2 horas. Aumentando el test a 5 horas e incluyendo la insulina en la medición, demostró que pocas personas tenían una respuesta metabólica realmente saludable.


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El resto de pacientes aún dentro de los parámetros considerados “normales” según la medición de glucosa, presentaban una insulina excesivamente elevada, creando una “falsa sensación de salud” con respecto a la salud metabólica real de esos pacientes.

La hiperinsulinemia o la resistencia a la insulina en lugar de la hiperglucemia, puede desempeñar el papel principal en la patología y progresión de la diabetes tipo 2, siendo la glucosa alta y la hemoglobia glicosilada indicadores tardíos de las alteraciones metabólicas.

El páncreas puede estar segregando una cantidad excesiva de insulina, mientras que músculos y tejido adiposo permanecen sensibles durante décadas antes de que la hiperglucemia sea evidente.

Y así personas con una glucemia normal estarán en riesgo ante patologías relacionadas con la resistencia a la insulina. Una medición de insulina en ayunas o postprandial podría ayudar a identificar fases tempranas, pero no es actualmente un estándar.

Sin medir insulina otros marcadores pueden ayudar a identificar la resistencia a la insulina e intolerancia a los hidratos de carbono refinados:

  • Bajo nivel de colesterol HDL
  • Medición de la cintura
  • Hipertensión
  • Triglicéridos elevados
  • Glucosa elevada en ayunas
  • HOMA-IR
  • Alipoproteínas LDL/B elevadas
  • Proteína C reactiva alta
  • Enzimas hepáticas elevadas

Y aunque la obesidad medida con el índice de masa corporal (IMC) es uno de los mayores factores de riesgo de enfermedades metabólicas, tener un IMC dentro de lo saludable no implica metabolismo sano. El peso corporal es un indicador poco fiable de la salud. Durante años el sobrepeso y la obesidad se han considerado factores primarios a pesar que no siempre es el caso y el exceso de tejido adiposo puede ser consecuencia en vez de causa.

La obesidad sería sólo otra manifestación de resistencia a la insulina, quizás la más obvia.

La relación entre enfermedad cardiovascular y resistencia a la insulina está subestimada, existiendo una asociación no lineal entre la HbA1c y el riesgo cardiovascular, es decir, tener una HbA1C en valores no diabéticos (de 5 a 6,4%) no exime de estar en riesgo cardiovascular.


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El cáncer se relaciona con la resistencia a la insulina debido al metabolismo glucolítico que presentan esas células. La resistencia a la insulina y el suficiente y continuo aporte de glucosa las provee del suficiente y favorito combustible para seguir existiendo.

Por otro lado la hiperinsulinemia ayudaría en el desarrollo inicial del cáncer estimulando la IGF-1, modulando las hormonas sexuales y el estado proinflamatorio. A mayor HbA1C mayor aumento en el riesgo de cáncer, salvo de hígado, y peor pronóstico.

Al Alzheimer se le conoce como la diabetes del cerebro o Diabetes tipo 3, cuyas características son una insulina irregular, alteraciones en la glucosa y resistencia a la insulina cerebral. De hecho, una HbA1c elevada es un factor de riesgo en la progresión de la atrofia cerebral entre ancianos. Mayor insulina en ayunas, mayor riesgo de deterioro cognitivo aun sin diabetes.

EFECTOS DE LA INSULINA

Una hiperinsulinemia lleva a:

  • Glicación de proteínas y afecta a la función de tejidos de ojos, riñones, capilares, nervios y a la propia sangre.
  • Aumento del estrés oxidativo
  • Inflamación sistémica
  • Hipertensión idiopática, edema o retención de líquidos en riñones
  • Alteración en las hormonas sexuales (SOP, infertilidad, hirsutismo..etc)

DESARROLLO DE LA RESISTENCIA A LA INSULINA

Existen muchas teorías y es necesario dejar claro que no hay una causa única sino diversos factores mantenidos en el tiempo como por ejemplo:

  • Exceso de hidratos de carbono refinados en la dieta
  • Demasiadas ingestas durante el día que no permiten estabilización de las hormonas
  • Exceso de aceites poliinsaturados altos en Omega6 (aceites de semillas, soja, algodón etc)
  • Insuficiente cantidad de ácidos grasos Omega 3 en la dieta
  • Alteración de los ritmos circadianos, excesiva exposición a la luz en horas nocturnas
  • Poca actividad física

ES NECESARIO UN NUEVO PARADIGMA

Que entienda que las enfermedades de la civilización están ligadas a cambios en la dieta y estilo de vida actuales, para poder actuar en su prevención.

Los marcadores actuales pueden, en realidad, ser los últimos en detectar una patología y sólo lo hacen en cuanto fallan los mecanismos compensadores del propio organismo.

Fijándonos en la hiperinsulinemia y resistencia a la insulina es posible tratar la causa y no los síntomas. Tratar los síntomas sólo conlleva la cronificación de la patología y el uso de medicamentos, consecuente aumento de las dosis y probables procedimientos quirúrgicos muy costosos que repercuten en los gastos sanitarios.

A los pacientes a menudo se les dice que sus dolencias son progresivas e irreversibles, debido al actual paradigma orientado al tratamiento de síntomas. Cambiando la orientación hacia los cambios metabólicos subyacentes, los pacientes tendrán un rol más proactivo en su propia salud y será posible revertir las “enfermedades de la civilización”.

Referencia: Hyperinsulinemia and Insulin Resistance: Scope of the Problem

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