La forma correcta de correr

La clave es no pensar mucho en el movimiento y que sea una acción automática del cuerpo.

Estos consejos pueden servir para reflexionar sobre la técnica que se está utilizando al correr, pero lo recomendable es escuchar a entrenadores y especialistas, sólo de esta manera se reducirá considerablemente el riesgo de lesiones y se mejorará el rendimiento.

Las zapatillas son la parte más importante del equipamiento para correr, pero de nada sirve fijarnos en el tipo de pisada que tenemos o en nuestro peso si no corremos de manera eficiente, con una buena técnica de carrera.

Una mala postura mientras estamos corriendo es quizá el factor determinante a la hora de lesionarnos, así que más nos vale cuidarla y ser conscientes de ella. A medida que estemos más cansados durante un entrenamiento o una carrera tenderemos a descuidarla, pero si fundamos un buena base cuando no lo estamos aún, consiguerimos que no decaiga mucho.

Al principio será complicado estar pendiente de todo, pero fijándonos un rato cada día que salimos hará que se nos vaya quedando grabado. Un buen resumen puede ser:

1.- Cabeza: mirada al frente, hacia el horizonte. Nunca al cielo o, lo que es más común, al suelo, que suele suceder cuando vamos cansados. De esta manera mantendremos el tronco recto.

2.- Tronco: vertical o ligeramente inclinado hacia delante. El mejor ejemplo de esta práctica la podemos ver en la atleta española de medio fondo Isabel Macías.

3.- Brazos: debemos intentar llevar un balanceo suave, manteniéndolos flexionados en un ángulo aproximado de 90º. No hay que tenerlos quitos ni en tensión porque un ligero braceo nos ayudará a tener un correr más suave. No es determinante a ritmos lentos, pero si queremos ir rápido en carreras será muy importante.

4.- Manos: tenerlas totalmente abiertas o con el puño cerrado provoca un gasto de energía innecesario. Lo más natural es tenerlas semicerradas, como si lleváramos un huevo dentro de cada una (sí, da lugar al evidente cachondeo)

5.- Hombros: hay que evitar subirlos, cosa que hacen muchos corredores cuando no llevan la mirada al frente. El mantenerlos relajados y sin tensión provoca un menor gasto de energía y un correr más ligero.

6.- Codos: hay que intentar tenerlos pegados al cuerpo pero teniendo en cuenta el braceo que hay que llevar. Llevarlos abiertos no es natural (aunque se puede ver a algún atleta de pista abusando de ello para evitar que le adelanten)

7.- Zancada: es uno de los aspectos más importantes a controlar. Para tratar de llegar a una técnica de carrera eficiente se tiene que intentar que, cuando la pierna izquierda esté pisando delante, el brazo derecho haga lo propio (y viceversa). A muchos ya les saldrá de manera natural, pero si no sale (y la mejor manera saberlo es diciéndole a alguien que te lo mire o grabándote), es importante empezar a hacerlo yendo muy lento y adoptándolo cada vez con más ritmo.

Además, se tiene que intentar aterrizar con la parte media o delantera del pie, cosa que la mayoría de corredores no hacen, así se evitan lesiones de rodilla, aunque habrá que tener los gemelos más fuertes. No se recomienda cambiar de la noche al día porque si no se notará una ligera sobrecarga en los sóleos, pero haciéndolo 5 minutos el primer día y subiendo un poco cada entrenamiento se podrá ir haciendo la transición sin problemas.

Consecuencias de no correr correctamente

El entrenador, que desarrolló una metodología para enseñar como correr correctamente y eficientemente, considera que los corredores que lo hacen casualmente suelen someter excesivamente, e innecesariamente, a sus cuerpos, que responde con síntomas de agotamiento y dolor.

Entre los errores más comunes que se cometen al correr están rebotar mucho, alargar las zancadas, aterrizar muy fuerte sobre los pies, no utilizar lo suficiente el tendón de la corva, no utilizar los brazos, girar el diafragma el cuerpo de lado a lado mientras se corre, inclinar la cabeza y el tronco superior hacia adelante o trotar más lento de lo que se podía caminar.

Para Antoniades lo que es esencial es mejorar los movimientos biomecánicos enseñando al cuerpo y a la mente los patrones correctos, algo que se logra con la repetición una y otra vez de la acción.

El objetivo es que este movimiento quede integrado en los músculos y en el cerebro para prevenir problemas físicos.

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